29 de julio de 2010
Capitalismo de Estado versus el mercado libre
por Doug Bandow
Doug Bandow es Académico Titular del Cato Institute.
Qué rápido cambia el mundo. En 1989 el comunismo colapsó en toda Europa Oriental. El Muro de Berlín, el símbolo más visible del comunismo totalitario, cayó sin que se disparara un solo tiro.
La gente hablaba del fin de la historia. El mundo entero sería democrático y capitalista. Incluso China parecía destinada a unirse al bando occidental.
En otoño de 2008, fue el capitalismo el que parecía tambalearse o colapsando. Gran parte del mundo se alejó de los mercados libres y se encaminó hacia el capitalismo de Estado cuando no hacia el socialismo. Hoy, China ofrece ese modelo como alternativa al EE.UU. capitalista.
En The End of the Free Market, Ian Bremmer ofrece una discusión realista pero aún así optimista sobre la competencia contemporánea entre los mercados libres y el capitalismo de Estado. Aunque ahora parece lejana la victoria total del capitalismo democrático una vez imaginada, los mercados libres demostrarán ser más flexibles y fuertes en el largo plazo.
El colapso del comunismo fue un momento de enorme liberación humana. Todas las sociedades otrora socialistas buscaron respuestas en occidente. No obstante, la libertad es buena para los individuos, pero no para los regímenes que gobiernan. Bremmer indica: “Los gobiernos autoritarios alrededor del mundo han aprendido a competir internacionalmente al adoptar un capitalismo liderado por el mercado. Pero si permitieran que solo las fuerzas de mercado eligieran a los ganadores y perdedores del crecimiento económico, se arriesgarían a fortalecer a aquellos que utilizarían su riqueza para competir por el poder político”. Esta es una razón por la que China conscientemente evitó la experiencia rusa al mantener el control político al mismo tiempo que liberalizaba la economía.
La democracia ha avanzado, pero una sociedad liberal está constituida por mucho más que elecciones regulares. Como explica el Bremmer, “hay un gran área gris entre Noruega y Corea del Norte”. Freedom House cuenta 121 democracias pero un cuarto de estas no son libres. La Unidad de Inteligencia de The Economist cita 30 democracias “completas”, 50 “defectuosas” y 87 democracias “híbridas” o estados “autoritarios”.
De igual manera, el capitalismo ha avanzado, aunque no tan victoriosamente como una vez se esperaba. El cuento ya no es que la globalización arrasa con todo lo que se le pone por delante, homogenizando efectivamente el panorama mundial, anteriormente diverso. Bremmer dice: “El poder del Estado ha vuelto. A lo largo de la última década, una nueva clase de empresas se han posicionado en el escenario internacional: empresas que son propiedad de o están estrechamente relacionadas con sus gobiernos de origen”.
Por supuesto, no hay nada nuevo acerca de los gobiernos autoritarios o del intervencionismo estatal en la economía. El mercantilismo dominó la política europea en algún momento. Aunque aquella filosofía ha sido desacreditada, “Los gobiernos están nuevamente interviniendo en sus economías para promover intereses nacionales declarados y han encontrado maneras más sutiles y efectivas de practicar el proteccionismo”, indica Bremmer.
Las herramientas del capitalismo de Estado son muchas. Las empresas nacionales de energía son el ejemplo más común; empresas nominalmente privadas que se presentan como “campeones nacionales” son otro. Los fondos soberanos de inversión se han vuelto el medio común para que los estados inviertan la riqueza recaudada por las ventas de recursos naturales.
China y Rusia son los principales practicantes del capitalismo de Estado. Otros ejemplos incluyen a Emiratos Árabes Unidos, Ucrania, Argelia y Brasil. Incluso India, país que ha transitado hacia el libre mercado al tiempo que mantenía su sistema democrático, “permanece posicionada entre el modelo económico dominado por el Estado de antes y el modelo económico liderado por la empresa privada”, escribe Bremmer.
El reto para las democracias orientadas hacia el mercado es obvio: los estados autocráticos han adquirido recursos y formas sofisticadas de utilizarlos para obtener ventajas políticas. Esto les da una oportunidad de influir en la política de las naciones occidentales y ganar influencia internacional a costa de la estadounidense. De hecho, el capitalismo de Estado parece permitirle a los dictadores tener los beneficios económicos del capitalismo sin tener que pagar los costos políticos de la libertad.
Sin embargo, el capitalismo de Estado no puede evitar las inevitables ineficiencias del control estatal. Hay razones buenas e incluso contundentes para liberalizar los mercados financieros y globalizarse. Mientras que el debate acerca de las causas de la crisis financiera continúa, es obvio que la política gubernamental desempeñó un papel crítico. ¿Qué mejor ejemplo de una herramienta de capitalismo de Estado que empresas patrocinadas por el Estado como Fannie Mae y Freddie Mac?
Además, los políticos que persiguen sus propios intereses son incapaces de limitar sus intervenciones y de llevarlas a cabo de manera correcta. Por lo tanto, el capitalismo de Estado inevitablemente tendrá consecuencias negativas. Como explica Bremmer, “La destrucción creativa asegura que las industrias que producen cosas que nadie quiere eventualmente colapsen. Cuando esto sucede en sistemas de capitalismo de Estado, la ira del público recae sobre las elites gobernantes, no sobre los perversos capitalistas”.
Y todavía hay más. Una de las aseveraciones de Bremmer es que el capitalismo de Estado carece de cualquier atractivo positivo. “Nunca igualará al atractivo que el comunismo una vez tuvo para la imaginación popular, porque en realidad no es una respuesta a la injusticia social o económica”. De hecho, el propósito del capitalismo de Estado es mantener a las elites gobernantes, no liberar a las masas oprimidas.
Más parecido al fascismo, el capitalismo de Estado tiende a ser nacionalista, lo que dificulta la cooperación internacional. Los países usualmente actúan en contra de algo (particularmente EE.UU.) en lugar de actuar a favor de algo. Gran parte de los países que tienen un capitalismo de Estado también tienen que lidiar con retos políticos a nivel nacional —ésta es una de las razones por las cuales han adoptado esta estrategia. Así que las obligaciones domésticas limitarán el alcance de dichos sistemas.
El reto que representa el capitalismo de Estado es claramente real. Pero Bremmer cree que el capitalismo verdadero ganará. Bremmer escribe que: “Los mercados libres probablemente sobrevivirán al capitalismo de Estado tal y como se practica ahora en China, Rusia, los estados del Golfo y en otras partes —de la misma forma que demostraron ser mejores que el comunismo al estilo soviético”.
Pero no es suficiente confiar en que el sistema funcionará. El colapso financiero demostró cómo los supuestos amigos del capitalismo muchas veces se colocan entre sus más grandes enemigos. Por lo que Bremmer tiene razón en llamar a “aquellos que creen en los mercados libres para que aprendan de los fracasos que desataron una crisis, a practicar el tipo de capitalismo que predican y a renovar su compromiso con los principios que los han ayudado a prosperar”. Amén.
Este artículo fue publicado originalmente en el The Washington Times (EE.UU.) el 28 de junio de 2010.
viernes, 6 de agosto de 2010
Capitalismo de Estado versus el mercado libre.
Publicado por
Aquiles Márquez, Héctor Ruíz Aguilar, Milagros Alcántara, Pablo Carrión, Ronny Padrón.
en
18:48
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Keynes versus Hayek: El gran debate continúa.
30 de julio de 2010
Keynes versus Hayek: El gran debate continúa
30 de julio de 2010--> -->
por Gerald P. O'Driscoll Jr.
Gerald P. O'Driscoll es ex-vicepresidente del Banco de la Reserva Federal en Dallas y académico asociado del Cato Institute.
El debate acerca de qué clase de políticas sacarán a la economía estadounidense de su Gran Recesión repite aquel que se dio durante la Gran Depresión. Gracias a los esfuerzos de Richard Ebeling, profesor de economía en la Universidad de Northwood, tenemos evidencia contundente y concisa. Él ha desempolvado cartas enviadas al Times de Londres desde dos perspectivas que reflejan el debate contemporáneo.
El 17 de octubre de 1932, el Times publicó una larga carta de John Maynard Keynes y cinco otros economistas académicos. Keynes y sus coautores esgrimieron el argumento a favor del gasto —de cualquier tipo, privado o público, ya sea en consumo o inversión.
“La economía privada” era el obstáculo que impedía un retorno a la prosperidad. Si una persona decide ahorrar, no hay garantía de que los fondos “encontraran su camino hacia la inversión en nuevo capital de construcción por parte de emprendimientos públicos o privados”. Ellos citaban a la “falta de confianza” como la razón por la cual los ahorros no se convierten en inversiones. Consecuentemente, “el interés público en las condiciones actuales no conduce hacia una economía privada; gastar menos dinero del que quisiéramos no es patriótico”. Ellos concluían respaldando el gasto público para compensar la miope austeridad privada.
El punto de vista esbozado en esta carta llegó a ser conocido como la economía keynesiana. Las depresiones son causadas por un déficit en el gasto, que puede compensarse mediante gasto público. La economía keynesiana (la cual precede a Keynes) es fácilmente reconocible en los discursos del presidente Obama y su equipo económico.Dos días después, el 19 de octubre de 1932, cuatro profesores de la Universidad de Londres respondieron a la carta de Keynes y uno de los firmantes era Friedrich A. Hayek quien casi 50 años después ganaría el Premio Nóbel de Economía.
Hayek y sus coautores señalaron tres puntos de divergencia. Primero, identificaron correctamente el argumento de Keynes acerca de la futilidad del ahorro como un argumento sobre lo que tradicionalmente ha sido conocido como los peligros del ahorro, es decir, las consecuencias potencialmente perjudiciales de un aumento en la demanda del dinero a lo largo y ancho de la economía que no es correspondido por un aumento en la oferta de dinero. “Se está de acuerdo con que el acumular dinero, ya sea en efectivo o en cuentas inactivas, tiene efectos deflacionarios. Nadie piensa que la deflación en sí es deseable”.
Segundo, los profesores de Londres cuestionaron la premisa de que no importaba en qué se gastaba, ya fuese en consumo o en inversión. Ellos vieron un “renacimiento de la inversión como peculiarmente deseable”, tal y como lo ven los partidarios actuales de la economía del lado de la oferta. Ellos hicieron una distinción entre acumular dinero y los ahorros que fluyen hacia valores, y reafirmaron la importancia de los mercados de valores en transformar los ahorros en inversión.
Su tercer y más importante punto de desacuerdo con Keynes radicaba en los beneficios del gasto público financiado mediante déficit. Ellos expresaron dudas. “La existencia de una deuda pública a gran escala impone fricciones y obstáculos al reajuste mucho mayores que las fricciones y obstáculos impuestos por la existencia de la deuda privada”. Este no era el momento para “nuevas piscinas municipales” (el ejemplo dado por Keynes). En nuestro contexto actual, sería nada de estímulo.
Finalmente, e igual de importante, sugirieron una estrategia. Los gobiernos a nivel mundial, liderados por EE.UU. con el destructivo paquete de aranceles Smoot-Hawley de 1930, se habían volcado hacia el proteccionismo y las restricciones a los flujos de capitales. Hayek argumentó que era hora de “abolir aquellas restricciones sobre el comercio y el libre movimiento del capital”.
En resumen, ellos argumentaban que la cura para la Gran Depresión era un revigorizado sistema global de comercio. La economía mundial no ha se ha volcado hacia el proteccionismo esta vez, pero esfuerzos por expandir el comercio mundial se han debilitado. Como Allan Meltzer, profesor de economía en la Universidad de Carnegie Mellon, recientemente le recordó a los lectores página de opinión del Wall Street Journal (“Why Obamanomics Has Failed”, 30 de Junio de 2010), solamente la expansión del comercio nos puede permitir pagar la deuda pública que pesa sobre la economía.
El redescubrimiento del profesor Ebeling de estas cartas ha desatado un torrente de comentarios en los blogs. Como dijera Mario Rizzo, economista de la Universidad de Nueva York, “El gran debate todavía es Keynes versus Hayek. Todo lo demás es una nota al pie de página”. Los economistas han cubierto al debate con cada vez más complejidad matemática, pero los asuntos de fondo siguen siendo los mismos.
¿Estaba Keynes en lo correcto cuando decía que los ahorros se convierten en dinero inactivo y deprimen la actividad económica? O, ¿acaso la perspectiva de Hayek, primero articulada por Adam Smith en La riqueza de las naciones en 1776, era la correcta? (Smith: “Lo que es ahorrado anualmente es tan regularmente consumido como lo que es gastado anualmente, y casi al mismo tiempo también”.)
¿Todo gasto es igualmente productivo o deberían las políticas estatales buscar estimular el gasto privado? Si esto último es cierto, entonces Obama ha estado siguiendo los pasos de Franklin Delano Roosevelt e impidiendo la recuperación. Lo hace al demonizar los negocios y crear un régimen de incertidumbre con nuevas regulaciones y programas costosos. En esto no sigue ni a Hayek ni a Keynes, ya que generar incertidumbre era considerado como algo destructivo por ambos.
Finalmente, ¿acaso crear más deuda pública en una economía debilitada será el camino a la recuperación? O, ¿es la “economía” (austeridad en el debate de hoy) y el ahorro el camino a la prosperidad ahora, como usualmente se ha creído?
Este artículo fue publicado originalmente en The Wall Street Journal (EE.UU.) el 7 de julio de 2010.
Este artículo ha sido reproducido con el permiso del Wall Street Journal © 2010Dow Jones & Company, Inc.Todos los derechos reservados.
Keynes versus Hayek: El gran debate continúa
30 de julio de 2010--> -->
por Gerald P. O'Driscoll Jr.
Gerald P. O'Driscoll es ex-vicepresidente del Banco de la Reserva Federal en Dallas y académico asociado del Cato Institute.
El debate acerca de qué clase de políticas sacarán a la economía estadounidense de su Gran Recesión repite aquel que se dio durante la Gran Depresión. Gracias a los esfuerzos de Richard Ebeling, profesor de economía en la Universidad de Northwood, tenemos evidencia contundente y concisa. Él ha desempolvado cartas enviadas al Times de Londres desde dos perspectivas que reflejan el debate contemporáneo.
El 17 de octubre de 1932, el Times publicó una larga carta de John Maynard Keynes y cinco otros economistas académicos. Keynes y sus coautores esgrimieron el argumento a favor del gasto —de cualquier tipo, privado o público, ya sea en consumo o inversión.
“La economía privada” era el obstáculo que impedía un retorno a la prosperidad. Si una persona decide ahorrar, no hay garantía de que los fondos “encontraran su camino hacia la inversión en nuevo capital de construcción por parte de emprendimientos públicos o privados”. Ellos citaban a la “falta de confianza” como la razón por la cual los ahorros no se convierten en inversiones. Consecuentemente, “el interés público en las condiciones actuales no conduce hacia una economía privada; gastar menos dinero del que quisiéramos no es patriótico”. Ellos concluían respaldando el gasto público para compensar la miope austeridad privada.
El punto de vista esbozado en esta carta llegó a ser conocido como la economía keynesiana. Las depresiones son causadas por un déficit en el gasto, que puede compensarse mediante gasto público. La economía keynesiana (la cual precede a Keynes) es fácilmente reconocible en los discursos del presidente Obama y su equipo económico.Dos días después, el 19 de octubre de 1932, cuatro profesores de la Universidad de Londres respondieron a la carta de Keynes y uno de los firmantes era Friedrich A. Hayek quien casi 50 años después ganaría el Premio Nóbel de Economía.
Hayek y sus coautores señalaron tres puntos de divergencia. Primero, identificaron correctamente el argumento de Keynes acerca de la futilidad del ahorro como un argumento sobre lo que tradicionalmente ha sido conocido como los peligros del ahorro, es decir, las consecuencias potencialmente perjudiciales de un aumento en la demanda del dinero a lo largo y ancho de la economía que no es correspondido por un aumento en la oferta de dinero. “Se está de acuerdo con que el acumular dinero, ya sea en efectivo o en cuentas inactivas, tiene efectos deflacionarios. Nadie piensa que la deflación en sí es deseable”.
Segundo, los profesores de Londres cuestionaron la premisa de que no importaba en qué se gastaba, ya fuese en consumo o en inversión. Ellos vieron un “renacimiento de la inversión como peculiarmente deseable”, tal y como lo ven los partidarios actuales de la economía del lado de la oferta. Ellos hicieron una distinción entre acumular dinero y los ahorros que fluyen hacia valores, y reafirmaron la importancia de los mercados de valores en transformar los ahorros en inversión.
Su tercer y más importante punto de desacuerdo con Keynes radicaba en los beneficios del gasto público financiado mediante déficit. Ellos expresaron dudas. “La existencia de una deuda pública a gran escala impone fricciones y obstáculos al reajuste mucho mayores que las fricciones y obstáculos impuestos por la existencia de la deuda privada”. Este no era el momento para “nuevas piscinas municipales” (el ejemplo dado por Keynes). En nuestro contexto actual, sería nada de estímulo.
Finalmente, e igual de importante, sugirieron una estrategia. Los gobiernos a nivel mundial, liderados por EE.UU. con el destructivo paquete de aranceles Smoot-Hawley de 1930, se habían volcado hacia el proteccionismo y las restricciones a los flujos de capitales. Hayek argumentó que era hora de “abolir aquellas restricciones sobre el comercio y el libre movimiento del capital”.
En resumen, ellos argumentaban que la cura para la Gran Depresión era un revigorizado sistema global de comercio. La economía mundial no ha se ha volcado hacia el proteccionismo esta vez, pero esfuerzos por expandir el comercio mundial se han debilitado. Como Allan Meltzer, profesor de economía en la Universidad de Carnegie Mellon, recientemente le recordó a los lectores página de opinión del Wall Street Journal (“Why Obamanomics Has Failed”, 30 de Junio de 2010), solamente la expansión del comercio nos puede permitir pagar la deuda pública que pesa sobre la economía.
El redescubrimiento del profesor Ebeling de estas cartas ha desatado un torrente de comentarios en los blogs. Como dijera Mario Rizzo, economista de la Universidad de Nueva York, “El gran debate todavía es Keynes versus Hayek. Todo lo demás es una nota al pie de página”. Los economistas han cubierto al debate con cada vez más complejidad matemática, pero los asuntos de fondo siguen siendo los mismos.
¿Estaba Keynes en lo correcto cuando decía que los ahorros se convierten en dinero inactivo y deprimen la actividad económica? O, ¿acaso la perspectiva de Hayek, primero articulada por Adam Smith en La riqueza de las naciones en 1776, era la correcta? (Smith: “Lo que es ahorrado anualmente es tan regularmente consumido como lo que es gastado anualmente, y casi al mismo tiempo también”.)
¿Todo gasto es igualmente productivo o deberían las políticas estatales buscar estimular el gasto privado? Si esto último es cierto, entonces Obama ha estado siguiendo los pasos de Franklin Delano Roosevelt e impidiendo la recuperación. Lo hace al demonizar los negocios y crear un régimen de incertidumbre con nuevas regulaciones y programas costosos. En esto no sigue ni a Hayek ni a Keynes, ya que generar incertidumbre era considerado como algo destructivo por ambos.
Finalmente, ¿acaso crear más deuda pública en una economía debilitada será el camino a la recuperación? O, ¿es la “economía” (austeridad en el debate de hoy) y el ahorro el camino a la prosperidad ahora, como usualmente se ha creído?
Este artículo fue publicado originalmente en The Wall Street Journal (EE.UU.) el 7 de julio de 2010.
Este artículo ha sido reproducido con el permiso del Wall Street Journal © 2010Dow Jones & Company, Inc.Todos los derechos reservados.
Publicado por
Aquiles Márquez, Héctor Ruíz Aguilar, Milagros Alcántara, Pablo Carrión, Ronny Padrón.
en
18:45
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Invasión, embargo petrolero y guerra.
Invasión, embargo petrolero y guerra
Por Orlando Ochoa Terán.
“Para un patriota su pueblo está primero que cualquier otro país del mundo, para un nacionalista el odio a otro país está por encima de su propio pueblo” -Charles de Gaulle No deja de ser una complicación para todos aquellos que nos interesamos en los temas de política internacional tener que abordar seriamente y por enésima vez la supuesta invasión de EE UU a Venezuela.
Por primera vez parecía que la persona identificada con el código “Mauricio” tenía información precisa que indicaba que la invasión se produciría el pasado 26 de Julio. Tenía sentido. Un hecho histórico bolivariano asociado a la hermana revolución cubana.
El suspenso no duró mucho de modo que la sarcástica observación del presidente Alan García sigue vigente. ¿Por qué habría de invadir a Venezuela el imperialismo yanqui si el presidente Chávez se asegura cada día que EE UU reciba religiosamente el petróleo?
Como en otras ocasiones el presidente Chávez se ha cuidado de dejar muy en claro que dicha suspensión “sólo” se produciría en caso que se produjera la invasión. Sin embargo, algo no cuadra con este condicionante. Si EE UU, como asegura el adolescente de Tarek El Aissami, invade porque necesita "meterle mano al petróleo venezolano” ¿cómo es que el presidente Chávez podría suspender el suministro petrolero desde un supuesto refugio en Pinar del Río o donde se encuentre dirigiendo la resistencia? ¿Pudo alguien haber imaginado a Saddam Hussein dando órdenes de suspender embarques de petróleo una semana después de la invasión a Irak? ¿O a Manuel Noriega dando órdenes de cerrar el Canal de Panamá desde la Nunciatura Apostólica donde se había refugiado?
El mensaje Pensar que el presidente Chávez no se ha paseado por estas inconsistencias es subestimarlo. De las tantas veces que ha anunciado la suspensión del petróleo a EE UU es la primera vez que implica que los venezolanos la pasaríamos mal sin los dólares de la factura gringa. “Así tengamos que comer piedras” dijo.
¿Qué se mueve en el laberinto cerebral presidencial? Él debe ser el primer convencido, y el más desilusionado, de que la invasión nunca se producirá. ¿Cuál es entonces la alternativa a una invasión? Si nos atenemos a su fijación por Fidel Castro, podría estar sugiriéndole a EE UU, ante la frustrada invasión, en una modalidad de embargo para que EE UU suspenda las adquisiciones del petróleo venezolano.
Después de todo, con una constancia admirable no cesa en darles suficientes razones para una decisión que a nadie le sorprendería. Aparte ha reducido lo suministros petroleros a tal punto que el daño a la economía gringa ya es prácticamente nulo. No así para nosotros, “comeríamos piedras”.
Un embargo de esta naturaleza tiene sentido en la disparatada estrategia bolivariana y en su obsesión por remedar la ordalía cubana y, por supuesto, justificar con el mismo argumento cubano la anarquía social que ya se desliza por el tejido social.
Un Sistema Eléctrico Nacional encaminado hacia el colapso, una rampante escasez de alimentos, endemia de dengue, inseguridad desbordada y una previsible inflación fuera de control. Huir hacia adelante En los primeros enfrentamientos los vietnamitas descubrieron que la artillería americana era una de sus mayores ventajas.
Para reducir su devastador efecto y poder desplegar las propias ventajas numéricas los vietnamitas ordenaban a sus tropas precipitarse sobre las líneas de defensa americanas donde no llegaba el fuego de artillería por la proximidad con sus tropas. Si bien se eludía el fuego de la artillería pesada exponían a sus propios soldados al fuego directo del enemigo que los esperaban en posición de defensa. Este es un modelo de la táctica de huir hacia adelante.
Se emplea generalmente en condiciones desesperadas bien porque retroceder no es una opción y permanecer en la misma posición es letal. El miedo es también un acicate. Huir hacia adelante es la forma de evitar una confrontación inmediata postergándola por un escenario mediato generalmente más azaroso, con el objeto de ganar tiempo.
Con mucha razón se ha dicho que estos juegos de guerra con Colombia y periódico su desafío a los gringos, constituyen una suerte de huída hacia adelante. El problema es que el costo puede ser muy alto y sólo tiene algunas posibilidades de éxito con una disposición para sacrificar su propia gente sin ningún miramiento. Y aún así no hay ninguna garantía.
Por Orlando Ochoa Terán.
“Para un patriota su pueblo está primero que cualquier otro país del mundo, para un nacionalista el odio a otro país está por encima de su propio pueblo” -Charles de Gaulle No deja de ser una complicación para todos aquellos que nos interesamos en los temas de política internacional tener que abordar seriamente y por enésima vez la supuesta invasión de EE UU a Venezuela.
Por primera vez parecía que la persona identificada con el código “Mauricio” tenía información precisa que indicaba que la invasión se produciría el pasado 26 de Julio. Tenía sentido. Un hecho histórico bolivariano asociado a la hermana revolución cubana.
El suspenso no duró mucho de modo que la sarcástica observación del presidente Alan García sigue vigente. ¿Por qué habría de invadir a Venezuela el imperialismo yanqui si el presidente Chávez se asegura cada día que EE UU reciba religiosamente el petróleo?
Como en otras ocasiones el presidente Chávez se ha cuidado de dejar muy en claro que dicha suspensión “sólo” se produciría en caso que se produjera la invasión. Sin embargo, algo no cuadra con este condicionante. Si EE UU, como asegura el adolescente de Tarek El Aissami, invade porque necesita "meterle mano al petróleo venezolano” ¿cómo es que el presidente Chávez podría suspender el suministro petrolero desde un supuesto refugio en Pinar del Río o donde se encuentre dirigiendo la resistencia? ¿Pudo alguien haber imaginado a Saddam Hussein dando órdenes de suspender embarques de petróleo una semana después de la invasión a Irak? ¿O a Manuel Noriega dando órdenes de cerrar el Canal de Panamá desde la Nunciatura Apostólica donde se había refugiado?
El mensaje Pensar que el presidente Chávez no se ha paseado por estas inconsistencias es subestimarlo. De las tantas veces que ha anunciado la suspensión del petróleo a EE UU es la primera vez que implica que los venezolanos la pasaríamos mal sin los dólares de la factura gringa. “Así tengamos que comer piedras” dijo.
¿Qué se mueve en el laberinto cerebral presidencial? Él debe ser el primer convencido, y el más desilusionado, de que la invasión nunca se producirá. ¿Cuál es entonces la alternativa a una invasión? Si nos atenemos a su fijación por Fidel Castro, podría estar sugiriéndole a EE UU, ante la frustrada invasión, en una modalidad de embargo para que EE UU suspenda las adquisiciones del petróleo venezolano.
Después de todo, con una constancia admirable no cesa en darles suficientes razones para una decisión que a nadie le sorprendería. Aparte ha reducido lo suministros petroleros a tal punto que el daño a la economía gringa ya es prácticamente nulo. No así para nosotros, “comeríamos piedras”.
Un embargo de esta naturaleza tiene sentido en la disparatada estrategia bolivariana y en su obsesión por remedar la ordalía cubana y, por supuesto, justificar con el mismo argumento cubano la anarquía social que ya se desliza por el tejido social.
Un Sistema Eléctrico Nacional encaminado hacia el colapso, una rampante escasez de alimentos, endemia de dengue, inseguridad desbordada y una previsible inflación fuera de control. Huir hacia adelante En los primeros enfrentamientos los vietnamitas descubrieron que la artillería americana era una de sus mayores ventajas.
Para reducir su devastador efecto y poder desplegar las propias ventajas numéricas los vietnamitas ordenaban a sus tropas precipitarse sobre las líneas de defensa americanas donde no llegaba el fuego de artillería por la proximidad con sus tropas. Si bien se eludía el fuego de la artillería pesada exponían a sus propios soldados al fuego directo del enemigo que los esperaban en posición de defensa. Este es un modelo de la táctica de huir hacia adelante.
Se emplea generalmente en condiciones desesperadas bien porque retroceder no es una opción y permanecer en la misma posición es letal. El miedo es también un acicate. Huir hacia adelante es la forma de evitar una confrontación inmediata postergándola por un escenario mediato generalmente más azaroso, con el objeto de ganar tiempo.
Con mucha razón se ha dicho que estos juegos de guerra con Colombia y periódico su desafío a los gringos, constituyen una suerte de huída hacia adelante. El problema es que el costo puede ser muy alto y sólo tiene algunas posibilidades de éxito con una disposición para sacrificar su propia gente sin ningún miramiento. Y aún así no hay ninguna garantía.
Publicado por
Aquiles Márquez, Héctor Ruíz Aguilar, Milagros Alcántara, Pablo Carrión, Ronny Padrón.
en
18:40
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Viva Zapata
Por Mary Anastasia O´Grady
Se suponía que el anuncio que Cuba hizo el mes pasado de que liberará a 52 prisioneros políticos actualmente encarcelados ayudaría a reparar la imagen internacional del régimen tras la muerte de Orlando Zapata.
La estrategia no está funcionando. Los 21 que ya fueron puestos en libertad y llegaron a España están relatando el infierno que es la Cuba dirigida por Castro. Y al menos 10 se rehúsan a salir del país. El espíritu de Zapata vive.
En diciembre de 2009, Zapata, que llevaba casi siete años pudriéndose en una celda de una prisión infestada de ratas y sufriendo continuas torturas, emprendió una huelga de hambre en nombre de todos los prisioneros de conciencia de Cuba.
Estaba protestando no sólo por el encarcelamiento injusto de disidentes pacíficos, sino también por la crueldad dentro de los calabozos. El régimen intentó desesperadamente doblegar su resistencia, incluso negándole agua durante un tiempo. Eso condujo a una falla renal y, finalmente, a su muerte el 23 de febrero.
El fallecimiento de Zapata desató la indignación internacional y, el 7 de julio, el régimen cedió ante la presión. Accedió a liberar a los periodistas independientes, escritores y defensores de la democracia que fueron encerrados en 2003 durante la operación contra la oposición conocida como la Primavera Negra.
No obstante, solamente los más crédulos podrían interpretar la forzada conformidad de Castro como un respiro en la tiranía. En su lugar, se trata de una cínica treta para limpiarle la cara a la dictadura y, también, de un intento de recuperar decoro para los políticos del mundo que defienden a los Castro, como el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Nadie entiende eso mejor que los ex prisioneros.
Los que fueron enviados a España no han ocultado su felicidad por haber salido de las cárceles de Cuba. "No hay palabras para describir con justicia lo asombrado y entusiasmado que estaba cuando me vi libre y de nuevo junto a mi mujer y mi hija", dijo Normando Hernández González al Comité para la Protección de Periodistas, en una entrevista telefónica.
Sin embargo, Hernández, un periodista independiente, tampoco ha escatimado en palabras sobre la represión cubana.
En una entrevista con Radio República, una emisora de Miami, habló sobre el período "inenarrable" que pasó en la cárcel. "Es el crimen sobre el crimen, el odio visceral del régimen castrista para toda aquella persona que disiente de ellos pacíficamente. Es una experiencia única en la vida que no se la deseo a mi peor enemigo", aseveró.
El régimen trató de arreglar a los ex prisioneros vistiéndolos con pantalones cuidadosamente planchados, camisas blancas y corbatas. Pero llevaron historias de terror. El miércoles llegó a Miami Ariel Sigler, un líder sindical que ingresó en prisión hace siete años siendo un hombre sano y que ahora está confinado a una silla de ruedas.
Estos recordatorios gráficos de la retorcida mente de Castro han sido negativos para la agenda más amplia de Moratinos, que consiste en utilizar la puesta en libertad de los prisioneros para convencer a la Unión Europea para que abandone su "posición común" hacia Cuba.
Adoptada en 1996, dice que la UE busca "en sus relaciones con Cuba promover el proceso de transición a una democracia pluralista y el respecto de los derechos humanos y libertades fundamentales, al igual que una recuperación y mejoramiento sostenible de los estándares de vida de los cubanos". El deseo de Moratinos de ayudar a Fidel a acabar con la posición común es una fuente de exasperación entre muchos disidentes cubanos.
Los ex prisioneros también resienten su exilio después de, como dice Hernández, "un secuestro de siete años". Así le explicó a Radio República: "Lo lógico sería 'Sí, me vas a dar la libertad. Dámela para mi casa. Dámela para no separarme más de mi hermana, de las personas de mi familia, mi pueblo, de mis vecinos'". Pero en su lugar, cuenta que fue "prácticamente obligado" a ir a España a cambio de poder salir de la cárcel y conseguir atención médica para su hija y para él mismo.
Las horrorosas condiciones de las cárceles de Cuba no son un secreto. En sus escalofriantes memorias Contra toda esperanza (1986, 2001) el ex prisionero Armando Valladares describe la brutalidad que sufrió de primera mano como prisionero de conciencia durante 22 años. Un flujo consistente de exiliados ha hecho eco desde entonces de sus acusaciones.
Pero otro matiz de la crueldad es más difícil de comprender: durante medio siglo, el régimen ha dejado salir a los prisioneros políticos sólo si acceden a firmar un papel en el que reconocen que han sido "rehabilitados", o cuando el régimen está bajo presión, si acceden a dejar la isla. Deshacerse de prisioneros con mucha fuerza de voluntad, a la vez que reciben una palmada en la espalda por su "liberación", ha sido la treta de Castro.
Ahora algunos prisioneros se están negando a jugar el juego. Diez de los 52, entre ellos Óscar Elías Biscet, famoso por su pacifismo, no aceptarán el exilio como una condición de la liberación. Estas almas valientes siguen encerradas.
Desde luego, si son liberadas y autorizadas a quedarse en casa, es muy probable que vuelvan a cometer esos mismos 'crímenes' que los llevaron a la cárcel la primera vez. Un peligro especialmente trascendental para los disidentes es el artículo 72 del Orwelliano código penal de Cuba, que dice: "Se considera estado peligroso la especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos, demostrada por la conducta que observa en contradicción manifiesta con las normas de la moral socialista".
Los disidentes cubanos aseguran que hay cientos, tal vez miles, de prisioneros encerrados por esta clase de delitos. Nadie lo sabe a ciencia cierta. Pero sacar del país a unos cuantos no califica como un paso hacia un gobierno civilizado. La memoria de Zapata exige mucho más.
© The Wall Street Journal
Se suponía que el anuncio que Cuba hizo el mes pasado de que liberará a 52 prisioneros políticos actualmente encarcelados ayudaría a reparar la imagen internacional del régimen tras la muerte de Orlando Zapata.
La estrategia no está funcionando. Los 21 que ya fueron puestos en libertad y llegaron a España están relatando el infierno que es la Cuba dirigida por Castro. Y al menos 10 se rehúsan a salir del país. El espíritu de Zapata vive.
En diciembre de 2009, Zapata, que llevaba casi siete años pudriéndose en una celda de una prisión infestada de ratas y sufriendo continuas torturas, emprendió una huelga de hambre en nombre de todos los prisioneros de conciencia de Cuba.
Estaba protestando no sólo por el encarcelamiento injusto de disidentes pacíficos, sino también por la crueldad dentro de los calabozos. El régimen intentó desesperadamente doblegar su resistencia, incluso negándole agua durante un tiempo. Eso condujo a una falla renal y, finalmente, a su muerte el 23 de febrero.
El fallecimiento de Zapata desató la indignación internacional y, el 7 de julio, el régimen cedió ante la presión. Accedió a liberar a los periodistas independientes, escritores y defensores de la democracia que fueron encerrados en 2003 durante la operación contra la oposición conocida como la Primavera Negra.
No obstante, solamente los más crédulos podrían interpretar la forzada conformidad de Castro como un respiro en la tiranía. En su lugar, se trata de una cínica treta para limpiarle la cara a la dictadura y, también, de un intento de recuperar decoro para los políticos del mundo que defienden a los Castro, como el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Nadie entiende eso mejor que los ex prisioneros.
Los que fueron enviados a España no han ocultado su felicidad por haber salido de las cárceles de Cuba. "No hay palabras para describir con justicia lo asombrado y entusiasmado que estaba cuando me vi libre y de nuevo junto a mi mujer y mi hija", dijo Normando Hernández González al Comité para la Protección de Periodistas, en una entrevista telefónica.
Sin embargo, Hernández, un periodista independiente, tampoco ha escatimado en palabras sobre la represión cubana.
En una entrevista con Radio República, una emisora de Miami, habló sobre el período "inenarrable" que pasó en la cárcel. "Es el crimen sobre el crimen, el odio visceral del régimen castrista para toda aquella persona que disiente de ellos pacíficamente. Es una experiencia única en la vida que no se la deseo a mi peor enemigo", aseveró.
El régimen trató de arreglar a los ex prisioneros vistiéndolos con pantalones cuidadosamente planchados, camisas blancas y corbatas. Pero llevaron historias de terror. El miércoles llegó a Miami Ariel Sigler, un líder sindical que ingresó en prisión hace siete años siendo un hombre sano y que ahora está confinado a una silla de ruedas.
Estos recordatorios gráficos de la retorcida mente de Castro han sido negativos para la agenda más amplia de Moratinos, que consiste en utilizar la puesta en libertad de los prisioneros para convencer a la Unión Europea para que abandone su "posición común" hacia Cuba.
Adoptada en 1996, dice que la UE busca "en sus relaciones con Cuba promover el proceso de transición a una democracia pluralista y el respecto de los derechos humanos y libertades fundamentales, al igual que una recuperación y mejoramiento sostenible de los estándares de vida de los cubanos". El deseo de Moratinos de ayudar a Fidel a acabar con la posición común es una fuente de exasperación entre muchos disidentes cubanos.
Los ex prisioneros también resienten su exilio después de, como dice Hernández, "un secuestro de siete años". Así le explicó a Radio República: "Lo lógico sería 'Sí, me vas a dar la libertad. Dámela para mi casa. Dámela para no separarme más de mi hermana, de las personas de mi familia, mi pueblo, de mis vecinos'". Pero en su lugar, cuenta que fue "prácticamente obligado" a ir a España a cambio de poder salir de la cárcel y conseguir atención médica para su hija y para él mismo.
Las horrorosas condiciones de las cárceles de Cuba no son un secreto. En sus escalofriantes memorias Contra toda esperanza (1986, 2001) el ex prisionero Armando Valladares describe la brutalidad que sufrió de primera mano como prisionero de conciencia durante 22 años. Un flujo consistente de exiliados ha hecho eco desde entonces de sus acusaciones.
Pero otro matiz de la crueldad es más difícil de comprender: durante medio siglo, el régimen ha dejado salir a los prisioneros políticos sólo si acceden a firmar un papel en el que reconocen que han sido "rehabilitados", o cuando el régimen está bajo presión, si acceden a dejar la isla. Deshacerse de prisioneros con mucha fuerza de voluntad, a la vez que reciben una palmada en la espalda por su "liberación", ha sido la treta de Castro.
Ahora algunos prisioneros se están negando a jugar el juego. Diez de los 52, entre ellos Óscar Elías Biscet, famoso por su pacifismo, no aceptarán el exilio como una condición de la liberación. Estas almas valientes siguen encerradas.
Desde luego, si son liberadas y autorizadas a quedarse en casa, es muy probable que vuelvan a cometer esos mismos 'crímenes' que los llevaron a la cárcel la primera vez. Un peligro especialmente trascendental para los disidentes es el artículo 72 del Orwelliano código penal de Cuba, que dice: "Se considera estado peligroso la especial proclividad en que se halla una persona para cometer delitos, demostrada por la conducta que observa en contradicción manifiesta con las normas de la moral socialista".
Los disidentes cubanos aseguran que hay cientos, tal vez miles, de prisioneros encerrados por esta clase de delitos. Nadie lo sabe a ciencia cierta. Pero sacar del país a unos cuantos no califica como un paso hacia un gobierno civilizado. La memoria de Zapata exige mucho más.
© The Wall Street Journal
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Aquiles Márquez, Héctor Ruíz Aguilar, Milagros Alcántara, Pablo Carrión, Ronny Padrón.
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¿Un pueblo desvalido?
¿Un pueblo desvalido? Aníbal Romero
Jueves, 5 de agosto de 2010
La revolución bolivariana, lejos de haber transformado al llamado “pueblo” en actor protagónico, lo ha reducido más que nunca a la condición de dependiente de un Estado pródigo
Cuando los revolucionarios mencionan al pueblo se refieren a una parte de la nación: a los más pobres, que en el caso venezolano constituyen una significativa mayoría. En teoría los revolucionarios idolatran al pueblo; en la práctica, sin embargo, lo reducen a un objeto, sometido a la manipulación y percibido como minusválido jurídico y mental. Lo anterior puede sonar duro pero la evidencia que lo confirma es inequívoca.
Para empezar, el proceso “bolivariano” proclama al pueblo como protagonista, pero en verdad el eje, el centro, la médula espinal de la revolución es su caudillo. Por otra parte, la pretensión de igualación material, más allá de la igualdad ante la ley, es en realidad una manera de engañar a los pobres, creando expectativas ilusorias que pronto se traducen en nuevas frustraciones y resentimiento.
Un claro ejemplo lo constituye el establecimiento de Universidades piratas, así como la producción de médicos y abogados (entre otras profesiones), también piratas e incapaces de competir en una sociedad abierta, médicos y abogados aptos para trabajar sólo con un régimen que les emplee y subsidie y carentes de los conocimientos adecuados para cumplir con eficiencia sus funciones.
La intención de eliminar los exámenes de admisión en las Universidades, bajo la consigna de la igualdad, es otro espejismo concebido por la demagogia revolucionaria, una distorsión que detrás de sus pretensiones igualitarias oculta un deleznable paternalismo hacia ese pueblo, al que en el fondo se considera desvalido y que es visto como eternamente pobre, débil, y en necesidad de la mano protectora de un gobierno benefactor, que a fin de cuentas cobra su ayuda en términos de dependencia política.
Y ése es el punto clave: La revolución bolivariana, lejos de haber transformado al llamado “pueblo” en actor protagónico, lo ha reducido más que nunca a la condición de dependiente de un Estado pródigo, alimentado por la renta petrolera. Las “misiones” no son programas sociales destinados a sacar al pueblo de su situación de subordinación, convirtiéndole en ciudadanos productivos aptos para valerse por sí mismos; son programas diseñados para su auto-reproducción y permanencia como mecanismos asistenciales, de modo de mantener a los pobres en condición de pobreza.
Esa condición es, desde luego, también de subordinación política a un caudillo y un proceso que requieren la minusvalía económica de las personas como herramienta de control.
La dirigencia de oposición democrática, en general, tampoco asume ante el pueblo una actitud basada en la verdad, sino en un paternalismo que imita el de la demagogia revolucionaria.
Por ejemplo, nos dicen que no es conveniente explicar al pueblo las implicaciones del cambio fraudulento en la ley electoral para los comicios de septiembre, cambios que fortalecen el grosero ventajismo revolucionario, ya que decirlo podría “desalentar a la gente”.
¿Qué hará entonces esta dirigencia si el día de las elecciones las esperanzas se ven dolorosamente frustradas? ¿No sería acaso llegado el momento de solicitar a esa dirigencia que deje libre el escenario?
Todo lo cual conduce a estas preguntas: ¿Es el pueblo venezolano como es, con sus virtudes y defectos, producto del impacto demoledor del factor petrolero? ¿Son nuestros dirigentes como son debido a que el pueblo los quiere así, o es el pueblo como es porque sus dirigentes no le dan otro mensaje? ¿Quién se atreverá a decirle a ese pueblo que su actual minusvalía no es parte de su esencia, sino que podría ser superada con trabajo y responsabilidad?
aromeroarticulos1@yahoo.com
Jueves, 5 de agosto de 2010
La revolución bolivariana, lejos de haber transformado al llamado “pueblo” en actor protagónico, lo ha reducido más que nunca a la condición de dependiente de un Estado pródigo
Cuando los revolucionarios mencionan al pueblo se refieren a una parte de la nación: a los más pobres, que en el caso venezolano constituyen una significativa mayoría. En teoría los revolucionarios idolatran al pueblo; en la práctica, sin embargo, lo reducen a un objeto, sometido a la manipulación y percibido como minusválido jurídico y mental. Lo anterior puede sonar duro pero la evidencia que lo confirma es inequívoca.
Para empezar, el proceso “bolivariano” proclama al pueblo como protagonista, pero en verdad el eje, el centro, la médula espinal de la revolución es su caudillo. Por otra parte, la pretensión de igualación material, más allá de la igualdad ante la ley, es en realidad una manera de engañar a los pobres, creando expectativas ilusorias que pronto se traducen en nuevas frustraciones y resentimiento.
Un claro ejemplo lo constituye el establecimiento de Universidades piratas, así como la producción de médicos y abogados (entre otras profesiones), también piratas e incapaces de competir en una sociedad abierta, médicos y abogados aptos para trabajar sólo con un régimen que les emplee y subsidie y carentes de los conocimientos adecuados para cumplir con eficiencia sus funciones.
La intención de eliminar los exámenes de admisión en las Universidades, bajo la consigna de la igualdad, es otro espejismo concebido por la demagogia revolucionaria, una distorsión que detrás de sus pretensiones igualitarias oculta un deleznable paternalismo hacia ese pueblo, al que en el fondo se considera desvalido y que es visto como eternamente pobre, débil, y en necesidad de la mano protectora de un gobierno benefactor, que a fin de cuentas cobra su ayuda en términos de dependencia política.
Y ése es el punto clave: La revolución bolivariana, lejos de haber transformado al llamado “pueblo” en actor protagónico, lo ha reducido más que nunca a la condición de dependiente de un Estado pródigo, alimentado por la renta petrolera. Las “misiones” no son programas sociales destinados a sacar al pueblo de su situación de subordinación, convirtiéndole en ciudadanos productivos aptos para valerse por sí mismos; son programas diseñados para su auto-reproducción y permanencia como mecanismos asistenciales, de modo de mantener a los pobres en condición de pobreza.
Esa condición es, desde luego, también de subordinación política a un caudillo y un proceso que requieren la minusvalía económica de las personas como herramienta de control.
La dirigencia de oposición democrática, en general, tampoco asume ante el pueblo una actitud basada en la verdad, sino en un paternalismo que imita el de la demagogia revolucionaria.
Por ejemplo, nos dicen que no es conveniente explicar al pueblo las implicaciones del cambio fraudulento en la ley electoral para los comicios de septiembre, cambios que fortalecen el grosero ventajismo revolucionario, ya que decirlo podría “desalentar a la gente”.
¿Qué hará entonces esta dirigencia si el día de las elecciones las esperanzas se ven dolorosamente frustradas? ¿No sería acaso llegado el momento de solicitar a esa dirigencia que deje libre el escenario?
Todo lo cual conduce a estas preguntas: ¿Es el pueblo venezolano como es, con sus virtudes y defectos, producto del impacto demoledor del factor petrolero? ¿Son nuestros dirigentes como son debido a que el pueblo los quiere así, o es el pueblo como es porque sus dirigentes no le dan otro mensaje? ¿Quién se atreverá a decirle a ese pueblo que su actual minusvalía no es parte de su esencia, sino que podría ser superada con trabajo y responsabilidad?
aromeroarticulos1@yahoo.com
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Aquiles Márquez, Héctor Ruíz Aguilar, Milagros Alcántara, Pablo Carrión, Ronny Padrón.
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18:33
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La hora de pasar a la ofensiva política.
Ciudad El Tigre, sábado 31 de julio de 2010
Ronny Padrón
Democracia Cristiana Hoy.
La hora de pasar a la ofensiva política.
Indudablemente es el momento. Durante 11 años las fuerzas demócratas en general, han jugado el rol defensivo ante un régimen socialista que en Venezuela no da tregua. Los resultados de tal postura están a la vista. Sino fuera por la inviabilidad inherente al socialismo en gobierno, su permanencia en el poder seria indiscutible.
Afortunadamente no es ese el caso. Nos hayamos en la etapa final del apoyo popular que dio origen a este gobierno, situación ahora irreversible. Pero no ante el final de su poderío político, como bien lo ejemplifica la Cuba comunista de Fidel Castro. Un régimen podrá carecer de popularidad y al mismo tiempo sostenerse, siempre que cuente para ello con una élite gobernante de naturaleza criminal, en concordancia con una disidencia política dividida como ocurre en la isla-cárcel o bien displicente como el caso actual venezolano.
Argumentos disímiles, variados y variopintos, sirven de fondo para que nuestra dirigencia demócrata mantenga la inconmovible postura defensiva ante el socialismo. Se argumenta en ocasiones, que tal posición se fundamenta en la necesidad de evitar la represión oficial, cuando no en la conveniencia de ganar adeptos entre las filas socialistas, y para ello eluden confrontar a su líder máximo.
El tiempo ha venido demostrando que uno y otro no son más que excusas para evitar los riesgos que solo competen a una dirigencia política. Persecución, acoso, demandas, ayunos, pero en especial la cárcel, son la natural consecuencia para aquellos que asumen a cabalidad el rol de dirigentes demócratas en tiempos de tiranía. No ocurre así en Venezuela.
En nuestro país, la dirigencia demócrata, a menos de dos meses de la celebración de comicios parlamentarios, frente a la destrucción incontrovertible de la institucionalidad, al deterioro evidente de la infraestructura y a la degradación inédita de la convivencia ciudadana, incuestionable responsabilidad política del socialista Hugo Chávez; evaden concentrar en él la ofensiva política para evitar según ellos una polarización ¨peligrosa¨.
Si por políticamente peligrosa entienden el posible apoyo del electorado socialista a favor de los candidatos al parlamento apoyados por Hugo Chávez, deberán entonces reaprender sus lecciones democráticas. Porque si luego de 11 años de gestión gubernativa, una mayoría de venezolanos optara por apoyar al responsable político del caos, atenta contra la ética democrática pretender evitarlo. Resultará mejor entonces abandonar el camino electoral y pasar a otros métodos de reemplazo político entre los consagrados en la Constitución.
Porque eludir la confrontación política con Hugo Chávez en medio de esta campaña electoral equivale a ignorar la causa que hace necesario un nuevo parlamento. Dejar políticamente incólume al comandante socialista, equivale a fortalecer su estancia en el poder.
Peor aún si conciben la mentada peligrosidad como el riesgo de represión. De ser ese el motivo, será muy poco lo que podríamos esperar de esa dirigencia a la hora de ¨cobrar¨ el esperado triunfo del 26-S. La mejor prueba de ello lo constituye el ¨respeto¨ mostrado por el régimen ante los resultados del referendo en 2.007 y de las elecciones locales y regionales en 2.008.
No será evadiendo riesgos necesarios como restauraremos la Constitución. Ante la valentía, los pueblos se inmolan y las tiranías se doblegan. No es por casualidad que en Lara los galpones de la Polar continúan operando y que Oswaldo Álvarez Paz se halle en libertad. ORA y LABORA.
caballeropercival@cantv.net
Ronny Padrón
Democracia Cristiana Hoy.
La hora de pasar a la ofensiva política.
Indudablemente es el momento. Durante 11 años las fuerzas demócratas en general, han jugado el rol defensivo ante un régimen socialista que en Venezuela no da tregua. Los resultados de tal postura están a la vista. Sino fuera por la inviabilidad inherente al socialismo en gobierno, su permanencia en el poder seria indiscutible.
Afortunadamente no es ese el caso. Nos hayamos en la etapa final del apoyo popular que dio origen a este gobierno, situación ahora irreversible. Pero no ante el final de su poderío político, como bien lo ejemplifica la Cuba comunista de Fidel Castro. Un régimen podrá carecer de popularidad y al mismo tiempo sostenerse, siempre que cuente para ello con una élite gobernante de naturaleza criminal, en concordancia con una disidencia política dividida como ocurre en la isla-cárcel o bien displicente como el caso actual venezolano.
Argumentos disímiles, variados y variopintos, sirven de fondo para que nuestra dirigencia demócrata mantenga la inconmovible postura defensiva ante el socialismo. Se argumenta en ocasiones, que tal posición se fundamenta en la necesidad de evitar la represión oficial, cuando no en la conveniencia de ganar adeptos entre las filas socialistas, y para ello eluden confrontar a su líder máximo.
El tiempo ha venido demostrando que uno y otro no son más que excusas para evitar los riesgos que solo competen a una dirigencia política. Persecución, acoso, demandas, ayunos, pero en especial la cárcel, son la natural consecuencia para aquellos que asumen a cabalidad el rol de dirigentes demócratas en tiempos de tiranía. No ocurre así en Venezuela.
En nuestro país, la dirigencia demócrata, a menos de dos meses de la celebración de comicios parlamentarios, frente a la destrucción incontrovertible de la institucionalidad, al deterioro evidente de la infraestructura y a la degradación inédita de la convivencia ciudadana, incuestionable responsabilidad política del socialista Hugo Chávez; evaden concentrar en él la ofensiva política para evitar según ellos una polarización ¨peligrosa¨.
Si por políticamente peligrosa entienden el posible apoyo del electorado socialista a favor de los candidatos al parlamento apoyados por Hugo Chávez, deberán entonces reaprender sus lecciones democráticas. Porque si luego de 11 años de gestión gubernativa, una mayoría de venezolanos optara por apoyar al responsable político del caos, atenta contra la ética democrática pretender evitarlo. Resultará mejor entonces abandonar el camino electoral y pasar a otros métodos de reemplazo político entre los consagrados en la Constitución.
Porque eludir la confrontación política con Hugo Chávez en medio de esta campaña electoral equivale a ignorar la causa que hace necesario un nuevo parlamento. Dejar políticamente incólume al comandante socialista, equivale a fortalecer su estancia en el poder.
Peor aún si conciben la mentada peligrosidad como el riesgo de represión. De ser ese el motivo, será muy poco lo que podríamos esperar de esa dirigencia a la hora de ¨cobrar¨ el esperado triunfo del 26-S. La mejor prueba de ello lo constituye el ¨respeto¨ mostrado por el régimen ante los resultados del referendo en 2.007 y de las elecciones locales y regionales en 2.008.
No será evadiendo riesgos necesarios como restauraremos la Constitución. Ante la valentía, los pueblos se inmolan y las tiranías se doblegan. No es por casualidad que en Lara los galpones de la Polar continúan operando y que Oswaldo Álvarez Paz se halle en libertad. ORA y LABORA.
caballeropercival@cantv.net
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viernes, 30 de julio de 2010
Esa cuestión llamada carácter
Ciudad El Tigre, sábado 24 de julio de 2010
Ronny Padrón.
Ronny Padrón.
Democracia Cristiana hoy.
Esa cuestión llamada carácter.
Porque ya las cartas fueron echadas y no es mucho lo que ha de cambiar en la preferencia electoral de acá al 26-S, salvo otra excepción a la regla como en aquel 15-A de 2.004.
Descartada esa hipótesis, es poco lo que restaría elucubrar. El régimen socialista en gobierno degradó en su gestión a niveles de no reversión, tanto que le resulta imposible motivar siquiera esperanzas, como durante aquel RR.
La situación ahora es distinta, pues si bien la mediocridad y corrupción gubernativa de otrora se mantiene y profundiza, sus consecuencias afligen ahora la casi totalidad nacional. Porque constituirse en la común referencia negativa para la generalidad de América Latina no es cualquier cosa, menos aún historia falaz.
Entonces ¿Cuál es el problema demócrata para el 26 de septiembre? El de siempre, esa cuestión llamada carácter. Pretendemos designar así a aquella capacidad del pensamiento individual que nos permite a los seres humanos ejecutar las acciones debidas a pesar de la adversidad implícita. Tal seria el caso del jugador de balompié ante el ¨cobro¨ de un penalty. El éxito de su acción dependerá de común, más que su técnica y fuerza física, del autocontrol que logre alcanzar en medio del stress inherente al episodio, en fin, de su carácter.
En el caso que nos concierne, para septiembre nuestra dirigencia tendrá una nueva cita con la historia, otra ocasión para demostrar carácter. Asunto este donde ha decir verdad ha venido saliendo mal parada. Porque más allá de las pruebas, constancias y certificaciones, tan esquivas siempre en política, el sentir popular continúa inclinado a estimar, que en los momentos de apremio nuestros dirigentes se rajan.
Al efecto, no puede ser casualidad que un régimen político absurdo como el hoy gobernante, se mantenga en el poder pasados los 11 años. A todo evento, por sobre la disquisición, importa más el hoy, ese que nos impone contar para el aciago septiembre con una dirigencia capaz no solo de ganar sino también de ¨cobrar¨.
En tal sentido, hagamos una revisión mental sobre nuestros más importantes dirigentes demócratas, los llamados a encabezar la jornada comicial del 26-S. Considerada como fuere la naturaleza preñada de antivalores, propia del socialismo en gobierno, cabe preguntarse si aquellos tendrán la capacidad para ejecutar las acciones debidas, a pesar de la adversidad implícita en tal fecha. Estamos a tiempo para oportunas sustituciones, sean estas voluntarias o para otras que no lo fueren tanto. ORA y LABORA.
caballeropercival@cantv.net
Esa cuestión llamada carácter.
Porque ya las cartas fueron echadas y no es mucho lo que ha de cambiar en la preferencia electoral de acá al 26-S, salvo otra excepción a la regla como en aquel 15-A de 2.004.
Descartada esa hipótesis, es poco lo que restaría elucubrar. El régimen socialista en gobierno degradó en su gestión a niveles de no reversión, tanto que le resulta imposible motivar siquiera esperanzas, como durante aquel RR.
La situación ahora es distinta, pues si bien la mediocridad y corrupción gubernativa de otrora se mantiene y profundiza, sus consecuencias afligen ahora la casi totalidad nacional. Porque constituirse en la común referencia negativa para la generalidad de América Latina no es cualquier cosa, menos aún historia falaz.
Entonces ¿Cuál es el problema demócrata para el 26 de septiembre? El de siempre, esa cuestión llamada carácter. Pretendemos designar así a aquella capacidad del pensamiento individual que nos permite a los seres humanos ejecutar las acciones debidas a pesar de la adversidad implícita. Tal seria el caso del jugador de balompié ante el ¨cobro¨ de un penalty. El éxito de su acción dependerá de común, más que su técnica y fuerza física, del autocontrol que logre alcanzar en medio del stress inherente al episodio, en fin, de su carácter.
En el caso que nos concierne, para septiembre nuestra dirigencia tendrá una nueva cita con la historia, otra ocasión para demostrar carácter. Asunto este donde ha decir verdad ha venido saliendo mal parada. Porque más allá de las pruebas, constancias y certificaciones, tan esquivas siempre en política, el sentir popular continúa inclinado a estimar, que en los momentos de apremio nuestros dirigentes se rajan.
Al efecto, no puede ser casualidad que un régimen político absurdo como el hoy gobernante, se mantenga en el poder pasados los 11 años. A todo evento, por sobre la disquisición, importa más el hoy, ese que nos impone contar para el aciago septiembre con una dirigencia capaz no solo de ganar sino también de ¨cobrar¨.
En tal sentido, hagamos una revisión mental sobre nuestros más importantes dirigentes demócratas, los llamados a encabezar la jornada comicial del 26-S. Considerada como fuere la naturaleza preñada de antivalores, propia del socialismo en gobierno, cabe preguntarse si aquellos tendrán la capacidad para ejecutar las acciones debidas, a pesar de la adversidad implícita en tal fecha. Estamos a tiempo para oportunas sustituciones, sean estas voluntarias o para otras que no lo fueren tanto. ORA y LABORA.
caballeropercival@cantv.net
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Aquiles Márquez, Héctor Ruíz Aguilar, Milagros Alcántara, Pablo Carrión, Ronny Padrón.
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10:16
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