martes, 5 de octubre de 2010

Lo que en realidad pasó en Ecuador.

Por Mary Anastasia O'Grady. THE WALL STREET JOURNAL.

Aída Zaldumbide se estaba recuperando de una operación del corazón en el hospital de la policía el jueves en Quito cuando llegó el presidente ecuatoriano Rafael Correa pidiendo ver a un médico. Correa había estado en un altercado con algunos miembros de la Policía Nacional en sus cuarteles al otro lado de la calle.

Llegaremos a los detalles de la refriega en un minuto, pero lo que más importa, es lo que sucedió después. Correa dice que, una vez dentro del hospital, la policía lo "secuestró" durante 10 horas, en lo que él define como un intento de golpe de Estado.

.Esta versión, sin embargo, es desmentida por Zaldumbide, al menos otro paciente, dos médicos y una enfermera que estaban de guardia en ese momento. Todos ellos manifiestan que Correa mantuvo todos sus privilegios presidenciales y no estuvo en ningún momento sin la protección de su equipo de seguridad.

Agregan que se le ofreció una escolta armada para salir, la que Correa rechazó. El ministro de Seguridad de Ecuador también ha afirmado que el presidente nunca estuvo detenido.

De todos modos, a las 9 de la noche, Correa, quien fue entrevistado telefónicamente por los medios de comunicación estatales durante el tiempo que fue supuestamente "secuestrado", ordenó el envío de 500 soldados del ejército al hospital. Los soldados llegaron con tanques y ametralladoras y abrieron fuego contra la policía. Un feroz tiroteo que duró 40 minutos cobró la vida de dos hombres y aterrorizó al personal del hospital y a los pacientes.

El oficialismo salió rápidamente a defender a Correa. El viernes, el portavoz del Departamento de Estado, P.J. Crowley, pareció vitorear el abrumador uso de la fuerza. El levantamiento de la policía "en cierta medida, representó un reto para el gobierno", dijo, concluyendo que "el gobierno respondió con eficacia". Las versiones de testigos oculares y hechos verificables dicen lo contrario.

El problema comenzó en la mañana del jueves cuando la policía anunció una huelga para protestar contra los recortes en sus remuneraciones. Correa respondió yendo a los cuarteles para enfrentar a la policía. Una vez dentro del edificio se dirigió a una ventana, se rasgó la camisa, y gritó: "Si quieren matar al presidente, mátenlo!"

Si el objetivo era destituir al presidente, la provocación ocasionó el momento propicio para hacerlo. Pero es improbable que la policía tuviera tal cosa en mente.

La razón es que, a pesar de su débil gestión de la economía, la mayoría de las encuestas dan al demagogo populista un índice de aprobación de más del 50%. La historia reciente sugiere que los gobiernos ecuatorianos sólo son derrocados después de que cae su nivel de aprobación. Sin el respaldo popular para destituir a Correa, no se iba a producir un golpe de estado sin líder (todos los indicios apuntan a que no había un líder).

Es cierto que la "gripe azul" y las barricadas policiales en Quito se habían extendido a otras ciudades, y que la policía utilizó gas lacrimógeno y arrojó objetos al presidente cuando se presentó en los cuarteles. Fue entonces cuando caminó por la calle hasta el hospital con su reconocida dignidad machista obviamente herida.

Después de que terminara el tiroteo, Zaldumbide declaró al diario ecuatoriano Expreso: "Es injusto lo que pasó. La prensa aquí está diciendo que él fue secuestrado, pero no fue así. Las fuerzas especiales hicieron un cordón para que pudiera irse, pero él no quería. Le dijimos que se fuera, que estaba poniendo en peligro la vida de todos, pero él no quería". Zaldumbide dijo que Correa respondió que "debo salir con la frente en alto así que esperaré hasta que mi gente de (el movimiento conocido como) Alianza PAIS me rescate".

El doctor Fernando Vargas, quien estaba trabajando en el hospital, publicó un testimonio similar en el sitio de Internet Ecuadorenvivo.com: el señor Correa "no estuvo secuestrado, fue atendido por el personal del hospital", y "el ministro del Interior estaba en contacto permanente con él". La policía le preparó una escolta armada y esperó dos horas para que hiciese uso de ella. En cambio, hubo "un salvaje asalto militar en el hospital", donde había mujeres, niños y ancianos, señaló el médico.

Diego Chimborazo, un policía que estaba en el hospital para una cirugía de rodilla, y otro médico hicieron declaraciones similares a Expreso acerca de la acción militar sin sentido.

Correa no tuvo muchos inconvenientes en el manejo de la historia. Por la mañana puso fin a los informes de la televisión independiente, limitando a los ecuatorianos a su versión de los hechos del día anterior. Curiosamente, cuando llegó a la plaza frente al palacio presidencial–-poco después de abandonar el hospital— para celebrar su triunfo sobre el "golpe de Estado", ya se habían instalado pantallas gigantes de televisión y un sistema de sonido.

Existe alguna evidencia de que los militares, que también sufrirán las medidas de austeridad impuestas por Correa, simpatizaron con la huelga de la policía. Esto puede explicar por qué el ejército no se salió a patrullar las calles cuando estalló el caos, y por qué la fuerza aérea cerró algunos aeropuertos. Sin embargo, durante todo el día la cúpula oficial se mantuvo leal al presidente.

Una cosa es cierta: Correa no va a desaprovechar una crisis. Desde el jueves ha estado difundiendo su versión de los acontecimientos, que implica a sus opositores políticos en lo que parece ser cada vez más un golpe de Estado que nunca ocurrió.
Elecciones monetarias
Hay que tener urgentemente una elección para la dolarización y que el soberano decida

JOSÉ LUIS CORDEIRO | EL UNIVERSAL
lunes 4 de octubre de 2010 12:00 AM
Ahora están de moda las elecciones en Venezuela, pero la próxima elección no debe ser política sino económica. Hay que preguntarle a los ciudadanos si quieren una moneda fuerte respaldada en divisas (como ya la tuvo Venezuela en el pasado) o una moneda débil manejada por un Banco Central incompetente y politizado. Cuando los gobiernos actúan irresponsablemente, como ahora, la gente pierde sus ahorros, inversiones y salarios. Como comparación, solo hay que ver la tragedia reciente con la devaluación en Zimbabwe, donde los ciudadanos salieron corriendo a conseguir todos los dólares que pudieron.

Los ciudadanos tienen el derecho a usar una moneda fuerte y la responsabilidad del Estado es garantizar este derecho. Cada vez que se le pregunta sobre el dinero a un ciudadano, desde el más rico hasta el más pobre, la respuesta siempre es la misma: la gente quiere una moneda fuerte sin inflación. De hecho, muchas personas dicen abiertamente que prefieren dólares para tener la garantía de que ningún gobierno de turno tendrá el poder de destruir el valor de su dinero. Yo todavía no conozco al primer venezolano que no quiera que se le pague en una moneda que no se devalúe. Una moneda fuerte no es sueño imposible sino una condición fundamental para el desarrollo. La dolarización permitiría restituir inmediatamente el valor a la moneda venezolana y recuperar la senda del crecimiento económico que se perdió al iniciarse el período devaluacionista en 1983.

La moneda es la principal forma de propiedad privada de los ciudadanos y, sin embargo, es manejada por muchos bancos centrales como si fuera propiedad del Estado, con los resultados nefastos que son evidentes para la población entera. A los políticos les encanta "manejar" el dinero ajeno y a los economistas les gusta "manipular" las reservas internacionales. Es terrible para un político perder el control de la "maquinita" que imprime dinero y para un economista decir que la devaluación será "simplemente" 0% con una dolarización. ¡Muchos políticos, economistas y hasta astrólogos quedarían desempleados con la dolarización!

Venezuela no necesita más bolívares devaluados, ni una Casa de la Moneda para imprimir dinero inorgánico sin respaldo, ni nuevas monedas supuestamente "fuertes" que no valen ni un viejo "medio". Los venezolanos quieren dólares, al igual que todos los latinoamericanos: desde los cubanos hasta los ecuatorianos. Hay que tener urgentemente una elección para la dolarización y que el soberano decida. ¿Quién quiere dólares? ¡Hasta Simón Bolívar para que no lo sigan devaluando más y lo dejen descansar en paz!

www.cordeiro.org

domingo, 3 de octubre de 2010

La dolarización brinda estabilidad a Ecuador en tiempos de crisis.

Por Juan Carlos Hidalgo.

El caos político e institucional es algo común en la historia reciente de Ecuador. Una persona cínica podría incluso interpretar la violenta sublevación policial de ayer, que puso en jaque la continuidad del gobierno de Rafael Correa, como “el regreso a la normalidad” de una nación que ha tenido 10 presidentes en los últimos 15 años. Aún así, a pesar de la naturaleza caótica de su política, Ecuador ha gozado de una relativa estabilidad económica desde que adoptó el dólar estadounidense como su moneda oficial el 9 de enero del 2000.

En un país donde los presidentes son regularmente derrocados por turbas o sublevaciones populares, se puede esperar que la economía –y particularmente el valor de su moneda– colapse con cada crisis. Esto era precisamente lo que sucedía en Ecuador en la década anterior al 2000, cuando la inflación promedio fue del 37,5% al año. Sin embargo, en los 10 años posteriores a la dolarización, la tasa promedio de inflación ha sido del 6,8% anual. E incluso esta cifra se encuentra un poco abultada por el hecho de que la inflación llegó a un pico del 91% durante el primer año de la dolarización y permaneció alta el año siguiente (Esa alza inicial se debe a que en el momento de adoptar el dólar, el gobierno fijó un tipo de cambio particularmente alto para el sucre, la antigua moneda ecuatoriana, lo que produjo una enorme devaluación que generó una alta inercia inflacionaria ese año). No obstante, la tasa de inflación de Ecuador rápidamente disminuyó y en gran medida ha convergido con la de EE.UU. en los últimos años:


Por supuesto, no hay panaceas en el desarrollo económico. La sólida política monetaria de Ecuador no ha sido complementada con reformas igualmente coherentes en los ámbitos tributario y fiscal, o en las áreas de políticas comercial, laboral y de regulación de negocios, por ejemplo. Ecuador se ubica en la posición 109 (de 141 economías) en cuanto a libertad económica de acuerdo al último reporte de Libertad Económica en el Mundo: Informe Anual 2010. Aún así, incluso cuando colapsan las instituciones políticas y democráticas del país, gracias a la dolarización los ecuatorianos pueden estar seguros de que el valor de su moneda no se verá amenazado.

La rebelión policial y la crisis institucional en Ecuador.

Por Gabriela Calderón de Burgos.

Guayaquil, Ecuador— Ayer se sublevó la policía contra el presidente ecuatoriano y el ejército terminó enfrentándose con la fuerza pública. Pero la crisis política no empezó ayer.

Los ecuatorianos hemos vivido con inestabilidad política desde antes del 2000. Esta inestabilidad, contrario a lo que se ha reportado en la prensa internacional, se agravó (aunque no empezó) con la llegada a la presidencia de Rafael Correa, quien como primer acto de rebeldía frente al Estado de Derecho no juró respetar la Constitución vigente en ese entonces. Desde ese día, una cadena de importantes atropellos al orden constitucional vigente y a la separación de poderes construyeron el camino hacia la lamentable violencia de ayer.

Apenas dos meses después de haber llegado al poder en enero de 2007, un Tribunal Supremo Electoral (TSE), probablemente capturado por el ejecutivo, destituyó a toda la oposición en el congreso. Hacerlo le correspondía solamente a la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

En abril del mismo año un Tribunal Constitucional (TC) independiente de los demás poderes y con sólidos argumentos, restituyó a los diputados. La policía nacional, bajo órdenes del presidente, permitió que ingrese al TC una turba violenta de la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador (FEUE) y del Movimiento Popular Democrático (MPD). El país escuchó a través de los medios de comunicación como el presidente se rebelaba ante la decisión del máximo órgano del Estado ecuatoriano, el poder que interpreta la Constitución.


En diciembre de 2007, la mayoría gobiernista en la nueva Asamblea Constituyente emite su primer mandato declarándose de “plenos poderes” y disolviendo el congreso democráticamente elegido.

Hoy, a más de un año de la nueva Asamblea Nacional, es evidente que esta no goza de independencia y que el principal legislador del país es el ejecutivo. La Asamblea tampoco ha podido fiscalizar.

La ley de servicio público que desató la sublevación de la policía nacional se da luego de que el presidente se ha valido de una serie de artimañas para evitar que la Asamblea actúe de manera independiente. Demorar el debate hasta comprar los votos necesarios, secuestrar a los asambleístas oficialistas para evitar que haya quórum para sesionar y votar, prometer cambios en proyecto de ley para conseguir votos y luego eliminar esos cambios mediante un veto presidencial, esconder un proyecto de ley hasta que expire el tiempo de debate y esta entre por el Ministerio de la Ley tal como la envió el ejecutivo, etc. Los policías, así como los estudiantes, los profesores, los mineros —todos habiéndose manifestado recientemente— están conscientes de que todo el poder lo concentra el presidente y de que es con él que tienen que negociar si quieren cambios.

Ayer cuando me enteré por televisión de la sublevación de los policías, rebelión que no era por libertad sino por conservar prebendas del Estado, honestamente pensé que el presidente intentaría negociar con los policías. Lo sorprendente fue que al llegar al Regimiento 1 de la policía nacional en Quito, el presidente subió el tono de la confrontación gritando a todo pulmón: “¡Si quieren matar al presidente…Aquí está! ¡Mátenlo pues!” Aseveró que no daría “ni un paso atrás”. Esto constituyó una provocación a los policías, quienes luego no permitieron que aterrice un helicóptero que pretendía sacar al presidente del regimiento. El resto del día la crispación y la violencia continuó aumentando.

No debería sorprender que en un país donde ninguna de las autoridades parece respetar la ley, la policía amanezca pensando que tampoco tiene que respetarla y se tome las calles. El gobierno ha dado el ejemplo, sistemáticamente a lo largo de los últimos casi 4 años, de que es legítimo hacer cambios por la fuerza. El gobierno ha recurrido a medidas de hecho constantemente. No contaba con que otros tomen medidas de fuerza en su contra.

Hubo asaltos a bancos, atracos a mano armada en las carreteras, cierres de bancos y centros comerciales por seguridad, etc. A las 11:30 de la mañana el gobierno ordenó a todos los medios de comunicación del país transmitir solamente la señal de uno de los 20 medios estatales, Ecuador TV. A esa hora empezó una larga cadena nacional de arengas de las principales autoridades del gobierno y activistas políticos pidiendo por la libertad del presidente. Tuvimos que recurrir a Twitter y a canales en el extranjero (Telesur con un reportaje altamente sesgado y NTN24 de Colombia) para informarnos. Incluso CNN se vio limitado a transmitir la señal estatal.

Manifestantes de la oposición junto con algunos policías irrumpieron en la estación de Ecuador TV para obligar al canal público a transmitir versiones no oficiales de lo que estaba sucediendo. Cuando iba a hablar el segundo manifestante el gobierno cortó la señal. A las nueve de la noche permitieron a Ecuavisa y Teleamazonas volver a transmitir su señal y los ecuatorianos vimos una balacera de casi 40 minutos en vivo. Ecuavisa reportó que el presidente había autorizado una operación militar para que lo rescaten con 500 soldados.

No hay nada que celebrar por lo que ocurrió ayer. Vivimos con la ley de la selva. No hemos vuelto al Estado de Derecho. El mundo vio la balacera entre nuestros militares y policías. Esa balacera continuó mientras que el presidente salía sonriente y fresco a dar un discurso combativo frente a una multitud de gente que lo vitoreaba. La balacera no la pudimos seguir viendo porque el gobierno volvió a sacar del aire la señal de los medios independientes. Solo podíamos ver al presidente en el balcón de Carondelet culpando a la oposición de todo lo sucedido.

El daño es grave. Los ciudadanos le hemos perdido el respeto a los policías y a las autoridades. Los ecuatorianos de mi generación nunca habíamos visto violencia de ese calibre. Tampoco habíamos experimentado un control de información como el que hubo ayer.

Los demócratas del hemisferio deben estar sumamente preocupados de lo que está por venir en Ecuador. Todo parece indicar que la revolución se va a radicalizar, aprovechando el baño de popularidad que ha recibido el presidente luego de que se presentó como héroe nacional. Seguramente apuntarán a la prensa independiente que queda y a la fragmentada oposición.

Lo que vendrá en Venezuela.

Por Andrés Oppenheimer. MIAMI HERALD.

Lo que vendrá en Venezuela

Los líderes de la oposición venezolana están extáticos por los resultados de las elecciones legislativas del domingo, que le asestaron un duro golpe al presidente Hugo Chávez. Pero deberían prepararse para el contraataque de Chávez, porque podría venir muy pronto, y ser muy sucio.

A juzgar por lo que me han dicho ex asesores de Chávez y otros analistas bien situados, es probable que el presidente venezolano haga caso omiso del mandato de las urnas valiéndose de una serie de trampas para consolidar sus poderes antes de las elecciones presidenciales del 2012.

En los números, Chávez ganó las elecciones del domingo obteniendo una mayoría de 98 bancas en la Asamblea Nacional, mientras que la oposición ganó 65 bancas. Pero según datos de la oposición, los candidatos antichavistas e independientes ganaron el 52 por ciento del voto popular pese al uso masivo de recursos estatales por parte de Chávez y el control gubernamental de la mayoría de los medios electrónicos. El resultando le da un enorme empujón político a la oposición, afirman.

``Esto tiene un impacto gigantesco'', me dijo en una entrevista telefónica la dirigente opositora y congresista electa María Corina Machado. ``Lo que estaba en juego el domingo era si la sociedad iba a poder vencer el miedo. Porque era una sociedad aterrorizada, que temía toda clase de castigos si no votaba por Chávez. Pero la gente superó el miedo''.

Los líderes de la oposición subrayan que la mayoría que obtuvo Chávez en la Asamblea Nacional se debe exclusivamente a las reglas electorales tendenciosas escritas para favorecer a los candidatos gubernamentales. Los estados chavistas como Amazonas podían elegir un legislador con apenas 20,000 votantes, mientras estados antichavistas como Zulia requerían 400,000 votantes para lograr un legislador.

No obstante, la oposición ganó varios bastiones ex chavistas, y ahora puede afirmar que representa a la mayoría de los venezolanos. A nivel nacional, Chávez obtuvo 5.4 millones de votos, muy por debajo de los 7.3 millones que obtuvo en las elecciones presidenciales del 2006, y un 17 por ciento menos de los que obtuvo en un referéndum realizado en el 2009.

¿Qué pasará ahora? Hay varias formas en que Chávez intentará modificar las reglas de juego --tal como lo ha hecho frecuentemente en el pasado-- para mantener sus poderes casi absolutos:

• Escenario 1: Chávez usa la Asamblea Nacional saliente, que controlará plenamente hasta que los legisladores electos asuman sus bancas el 5 de enero, para aprobar una ``ley habilitante'' que le otorgue poderes extraordinarios. Chávez, al igual que algunos presidentes venezolanos anteriores, se ha beneficiado ya de este cheque temporal en blanco otorgado por el Parlamento.

• Escenario 2: La nueva Asamblea Nacional asume el 5 de enero y Chávez ya no goza de una mayoría de dos tercios en ese cuerpo legislativo para gobernar a su voluntad. Pero mediante la compra de votos o la intimidación, Chávez logra la mayoría necesaria para aprobar una ``ley habilitante''.



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Parlamento en Estocolmo.

30/9/2010


Parlamento en Estocolmo


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Parlamento en Estocolmo. DIARIO DE AMÉRICA.

Por Juan Carlos Sosa Azpúrua

La lucha ha de tener múltiples aristas. Es acertado usar al Parlamento como táctica para lograr un objetivo político, siempre que el mismo sirva para salvar a la patria de su destrucción.

Pero los nuevos diputados no dan signos de tener como prioridad la salvación de Venezuela. Sus intereses, aceptables en otro contexto histórico, son perjudiciales. Estos individuos están bloqueando cualquier camino que no conduzca a las elecciones de 2012, un destino suicida que naturalmente les tendrá a ellos como amos y a nosotros como esclavos.

Los políticos insisten en negar que los días son cemento y escombros cayendo sobre un país sepultado en el más desolador de los retrasos.

Venezuela es punta de cola de los índices internacionales que miden el progreso humano. Y lo que es peor, esta marginalidad es alentada por un régimen que ha puesto la soberanía nacional a los pies de poderes viles y foráneos, impregnando de vicios a buena parte de la población, cebada para un destino de miseria y servidumbre.

Allí vemos a los políticos hablando de las leyes que discutirán, de las unidades perfectas que lograrán y, desde luego, de la candidatura presidencial que cocinarán. ¿Y qué pasa con los que tenemos que ganarnos el pan; con los presos de conciencia; con las empresas destruidas y sus cesantes?
¿No es urgente (para ayer) librarnos del jefezote que usa la Carta Magna sólo cuando va al baño? ¿Hemos de resignarnos a este secuestro, a esta humillación?

Los políticos “opositores” colaborarán para mantenernos cautivos y dóciles, amarrados y callados frente a un verdugo insaciable.

Hay formas de escapar, salidas constitucionales que nos pueden salvar.

Pero el Síndrome de Estocolmo es la espada de Damocles y las parlamentarias su primer síntoma.

El ¨Mono Jojoy¨: un obstáculo menos al progreso de América Latina.

Ronny Padrón.
Democracia Cristiana Hoy.

El ¨Mono Jojoy¨: un obstáculo menos al progreso de América Latina.

En apoyo a las recientes declaraciones del Secretario de la Conferencia Episcopal de Colombia, Mons. Juan Vicente Córdoba, quien públicamente explicó: "la Iglesia Católica nunca se alegra de la muerte de nadie, pero el fallecimiento del 'Mono Jojoy' es un llamado para que los colombianos veamos que la guerra lo único que trae es más guerra, tristeza, desolación y bajas de lado y lado". Ciertamente, es ese el producto final de la guerra, de allí la importancia de evitar su discurrir o en su defecto acortar su desarrollo.

Y tal es el evidente empeño del gobierno colombiano, de allí que la desaparición de Víctor Julio Suárez Rojas, alias ¨Mono Jojoy¨, significa un acercarse al final de tan terrible conflicto interno en el hermano país.

Pero más allá del encomiable significado de tal acontecimiento para la República de Colombia, debemos destacar la importancia de estos hechos para América Latina. Estimamos, que una de las grandes razones para nuestra persistencia en el subdesarrollo, lo constituye esa infausta simpatía de nuestras clases populares por el mito socialista.

Algo que no debe sorprender, al contrario resulta incluso lógico, consideradas las particulares condiciones de vida características al subcontinente: Clima tropical benigno, riquezas naturales indebidamente explotadas y la aún persistente herencia cultural hispánica, lamentablemente destacada por el rentismo más que por su laboriosidad, emblema de la cultura anglosajona conquistadora del norte del continente.

Ese caldo de cultivo siempre resulta ideal para regímenes populistas, nuestra historia de ellos está plagada, pero mejor aún para la utopía socialista. Al margen de las disquisiciones morales, es innegable que el avance del socialismo en América Latina fue truncado por la ¨Guerra Fría¨ que tuvo en USA la mejor contención politica, económica y militar a ese flagelo ideológico.

De tal suerte que solo la hermana República de Cuba resultó devorada por una utopía inútil y perniciosa, solo ahora reconocida como tal por su principal adalid, el tirano Fidel Castro.

Es el caso, que superada la ¨Guerra Fría¨, y pasada la ¨Caída del Muro de Berlín¨ el socialismo como alternativa política real perdió vigencia a nivel mundial, en especial sobre nuestro sub-continente. Sin embargo, se mantienen en pie dos escasas pero siempre peligrosas tratativas: El socialismo ¨electoral¨ que tiene su órgano propagandístico continental en el llamado ¨Foro de Sao Paulo¨ , y la subversión armada.

El socialismo electoral se ha anotado recientes ¨éxitos¨ en América Latina, con su método típicamente marxista de engañar a un electorado diezmado por pésimos gobiernos, acceden al poder a través del voto popular, para luego desde allí implosionar al régimen democrático que les da cabida, instaurando Asambleas Constituyentes, verdaderas fuentes jurídico-políticas para nuevas tiranías socialistas de cuño stalinista. Como paradigma del socialismo electoral destaca sin dudas el teniente coronel Hugo Chávez.

En cuanto a la subversión armada, el grupo terrorista FARC constituye el último vestigio de una alternativa política violenta, la que a pesar de su accionar terrorista, responsable en el tráfico de drogas, su sola existencia constituye un referente socio-político necesario de superar.

Es entonces cuando afirmamos la importancia que para Latinoamérica representa la inminente extinción de las FARC, y demás fuerzas terroristas de ideología socialista desperdigadas en la República de Colombia, lo que aunado al inocultable fracaso gubernativo del socialismo electoral basado en Bolivia, Ecuador, Paraguay, Nicaragua y Venezuela, allana el camino para que esta región se deslastre al fin, de un mito que solo le ha significado frustración y atraso en tanto el mundo avanza con trabajo y estudio camino a la prosperidad y a la justicia social, en fin del Bien Común. ORA y LABORA
caballeropercival@hotmail.com